jueves, 23 de abril de 2009

Samurai (y 2)


Los Samurais ante la muerte

Cuando un Samurai quería vengar una ofensa se hacía el seppuku ante la puerta de su enemigo, de forma que este quedaba obligado a hacer lo mismo si no quería vivir en eterno deshonor.

El seppuku consistía en profanar una incisión en el abdomen. El Samurai tenía que sujetarse las mangas por debajo de las rodillas, ya que tenía que morir cayendo de cara.



Mediante el seppuku al guerrero le era posible: Expirar sus crímenes, disculparse de sus errores, evitar la infamia, redimir a sus amigos, provar su sinceridad. Esta ceremonia no se ha de interpretar como un acto de cobardía.






Curiosidades

La vida de los Samurais era muy rica en aprendizaje espiritual e intelectual. Cultivaron la escritura, la pintura y la filosofía. También practicaban la ceremonia del te y el cuidado de plantas o ikebana.

Los Samurais seguían normas de estricta coresía delante de sus adversarios. Cada combatiente daba su nombre, linaje y sus gestas heroicas. El ganador, antes de cortar el cuello a su adversario, lo elogiaba.



Antes de cada batalla, tenían la costumbre de quemar incienso en su casco de forma que, si este fuese decapitado, su cabeza haría buen olor.


Fin de la era de los Samurais

Cuando el Japón se convirtió en un imperio en el año 1867 los privilegios de los Samurais fueron abolidos. Muchos quedaron empobrecidos y desamparados. En 1875 se les prohibió que llevasen espada, lo que significó para ellos la pérdida de su dignidad. Entonces, entre 1876 y 1877 hubo una gran revuelta de Samurais. Se enfrentaron con sus armas contra el ejército del emperador armado con la tecnología bélica europea. Fueron derrotados y murieron cerca de 20.000.
Este fracaso marcó el final de la era de los guerreros y con él termino esta pequeña historia.

2 comentarios:

Cornelivs dijo...

Ante este interesante post, resulta forzoso referirse a la pelicula "El ultimo Samurai". Curiosamente, la vi la semana pasada de nuevo (la tengo en video), y siguió gustandome tanto como siempre.

Un abrazo.

Marina-Emer dijo...

Que historia más bonita y a la vez terrible habian de ser muy valientes para hacerse ellos mismos esas atrocidades,yo al menos no me arrimaría muy cerca del cuello cuchillo o tijeras.Bueno otra más que no sabía,muy bonito a la vez de saber
abrazos
marina