jueves, 4 de marzo de 2010

La cremallera


En la parada del autobús, un nutrido grupo espera, en apretada fila, para subir al vehículo. Le llega el turno a una bella joven, quien viste altas botas y chaqueta a combinación con una estrecha minifalda de cuero.
La joven se percata de que el escalón de acceso al autobús es tan alto que la escueta faldita que porta le va a impedir subir.
Sonrojada, se lleva las manos atrás, buscando la cremallera.
La localiza, la baja un poco y se dispone a subir.
Nada! Todavía la falda le impide levantar la pierna para alcanzar el escalón.
Mira avergonzada al chofer, sonríe tímidamente y, de nuevo, se lleva las manos atrás y baja un poco más la cremallera.
Pese a todo, aun la faldita le impide levantar la pierna para subir en este nuevo e inútil empero.
La gente que espera en fila comienza a incomodarse y a protestar.
Un tipo grandote que esperaba su turno detrás de ella, toma a la muchacha, súbita y ágilmente, por la cintura, y la sube al autobús cual una pluma. La muchacha, furiosa, se vuelve al desconocido y le reclama:
- ¡Como se atreve a tocarme? ¡Descarado! Yo no se quien es usted... !Fresco!
Y el hombretón, encogiéndose de hombros, le responde:
- Bueno, señorita, pensé que después de haber tratado de abrirme la bragueta dos veces seguidas... ya éramos amigos, ¿no?

2 comentarios:

esteban lob dijo...

Estoy de acuerdo con "el hombretón".

Saludos.

derechofamilia-páginas libres dijo...

JAJAJAJA, Que buen chiste,me imagino la faldita de la chica, ahora las usan tan pegadas al cuerpo que deben ponerselas con un "calzador".

Cariños,

María del Carmen