A Picasso no le da miedo medirse con los grandes maestros de la pintura occidental. Más bien al contrario, parece que tiene una necesidad vital de enfrentarse. Por esto se lanza a un ejercicio a través del cual analiza e interpreta, con una voracidad inconmensurable, obras de artistas como Grünewald, Courbet, Manet, El Greco, Velázquez...
Las razones que le impulsan a este trabajo de laboratorio son muchas y variadas y quizás se explican por el deseo de asegurarse de que su obra puede competir con la de sus predecesores y demostrar que la pintura de otros artistas también es un motivo para pintar...
Las Meninas de Velázquez
En 1950, Picasso y Sabartés tienen una de sus habituales discusiones.
El artista hace la siguiente afirmación:"Si alguien se pone a copiar Las Meninas, de buen fe, pongamos por caso, al llegar a un cierto punto y si el que copiaba era yo, me diría: ¿cómo resultaría poner esta un poco más a la derecha o a la izquierda?. Yo probaría de hacerlo a mi manera, olvidándome de Velázquez. La prueba me llevaría, con toda seguridad, a modificar la luz o a cambiarla, con motivo de haber cambiado el lugar de un personaje. Así, poco a poco iría pintando más Meninas que parecerían detestables al copista de oficio; no serían las que él creería haber visto en la tela de Velázquez, pero serían "mis" Meninas."





Algunas de "sus" Meninas
Entre agosto y diciembre de 1957 empieza su tarea... ¡58 óleos! (44 inspirados en el modelo, 9 palomos, 3 paisajes y 2 interpretaciones libres).
Hoy los podemos ver en tres salas del Museo Picasso de Barcelona...¿Que opinaría Velázquez?





























una Jirafa,








