martes, 8 de septiembre de 2009

"...cantó la gallina después de asada"





Cuenta la tradición, que entre los muchos peregrinos que van a Santiago de Compostela y que hacen alto en la ciudad de Santo Domingo de la Calzada para venerar las reliquias del santo, llegó el matrimonio Da Santis, de Colonia, con su hijo de 18 años, llamado Hugonell.







La chica del mesón donde se hospedaron, se enamoró locamente del joven Hugonell, pero éste no le hizo ningún caso y ante su indiferencia la joven decidio vengarse. Metió una copa de plata en el equipaje del joven y cuando los peregrinos siguieron su camino, la joven denunció el robo al corregidor.



En aquella época estaban en vigor unas leyes muy rígidas, el Fuero de Alfonso X el Sabio, que castigaban con la pena de muerte el delito de hurto. El joven Hugonell fue prendido, rigurosamente juzgado, sentenciado a muerte y ahorcado.
















Cuando sus padres emprendieron el camino hacia Santiago fueron a ver a su hijo ahorcado, y al llegar al lugar donde se encontraba, escucharon la voz de éste que les anunciaba que "Santo Domingo de la Calzada" le había conservado la vida. Fueron inmediatamente a casa del corregidor de la ciudad y le contaron el prodigio.









Incrédulo el corregidor les contestó que:
"su hijo estaba tan vivo como el gallo y la gallina asados que él se disponía a comer".
En aquel preciso instante, el gallo y la gallina se cubrieron de plumas y saltando del plato se pusieron a cantar.



Y desde entonces se dicen los famosos versos:
Santo Domingo de la Calzada
que cantó la gallina después de asada.



En recuerdo de este suceso, se mantienen un gallo y una gallina vivos y siempre de color blanco durante todo el año, proceden de donaciones y se realiza el cambio de las parejas cada mes.









Frente a esta hornacina, que se construyó para conmemorar este milagro, y debajo de la ventana, se conserva un trozo de madera de la horca del peregrino.
En el archivo de la Catedral aparece la cita del gallo y la gallina en un documento del año 1350.
El único "gallinero en una catedral" del mundo!

4 comentarios:

Ricardo Tribin dijo...

Que post mas bueno mi querido amigo Luis.

Me parece estar alli.

Te mando un abrazo grande

esteban lob dijo...

Hola Lluis:

Hugonell sí que era despiadada. ¿No dice nada la leyenda acerca de su reacción tras los sucesos posteriores?

Notable historia.

Abrazo austral.

Quidquid dijo...

Hola Ricardo:
Me alegra te gustara la historia.
Si alguna vez pasas por Santo Domingo no dejes de visitar los gallos de la Catedral y también la Torre. Ésta se construyó entre 1762 y 1766, consta de tres cuerpos superpuestos y mide 243 pies o sea 69 metros de altura con una base de 9 metros de lado.
Es muy inyteresante.
Saludos,

Hola Esteban:
No dice nada la leyenda de los sucesos posteriores, pero nos los podríamos inventar, no?
Hoy tenemos futbol! y vosotros también, no?
Un cordfial saludo,
Luis

Franziska dijo...

¡Qué extraño resulta todo esto visto con los ojos de hoy! ¿Sabes si hay documentos de la época que narraran semejante suceso? Porque, es claro, todo parece una leyenda o algún otro suceso más prosaico que lo que nos cuentan. Aquellos tiempos producían historias que se relataban al amor de la lumbre, y que pasaban de generación en generación, ya se sabe, es el terreno abonado para convertir
un relato en algo que no se parece absolutamente nada a lo realidad. Años más tarde, se recoge la leyenda en la Catedral. El pueblo tiene una leyenda especial que no quiere perder y así son las cosas. O así las creo yo que soy una mujer que no está dispuesta a creer en los prodigios: será porque no he visto ninguno y ya llevo unos cuantos años en este mundo. Pero, quizá, como dicen en Galicia con las meigas, haber haylos.